La mente del coleccionista

Coleccionar es un instinto humano básico y muy antiguo, propio de personas organizadas, cuidadosas y un punto obsesivas. Ya sea de sellos o de lámparas, de cuadros, abanicos o de miniaturas, una colección puede convertirse en una pasión de por vida, con todo lo que ello implica.

No hay estadísticas sobre el género del coleccionista pero la impresión general es que es una afición más masculina que femenina. Las razones, sin embargo, serían puramente sociales, más allá de lo genético parece claro que el hombre ha dispuesto de más tiempo que la mujer aunque hace unos años hubo un boom del coleccionismo por entregas centrado en el mundo femenino. El ser humano es coleccionista por naturaleza, ya sea hombre o mujer… La diferencia fundamental es que ellas son más cautas en la compra, más “pragmáticas”, mientras que el hombre es más impulsivo.

Por lo general el coleccionista es ordenado, cuidadoso y suele socializar su colección y mostrarla orgulloso, cosa muy diferente a la acumulación acrecentada, desordenada, sin sentido de la calidad de lo que se colecciona…esto último forma parte de una psicopatología conocida como el Síndrome de Diógenes.
“El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento que se caracteriza por el total abandono personal y social, así como por el aislamiento voluntario en el propio hogar y la acumulación de grandes cantidades de objetos, por lo general basura y desperdicios domésticos”.

La infancia y la pre-adolescencia, es una época muy proclive al coleccionismo, muchos coleccionistas empezaron con esta actividad desde niños. Una afición que resulta beneficiosa en muchos sentidos, ya sea porque produce relajación o la satisfacción anímica de conseguir cosas, además de la contemplación de algo que para el coleccionista resulta bello o precioso. También facilita el orden, el deseo de cuidar los objetos y de valorarlos. Coleccionar es también un modo de aprender a gestionar la frustración (no se puede lograr todo ya, hay que tener paciencia), y de aumentar la autoestima (en el momento de mostrarla a otras personas). Puede ser asimismo el embrión de algunas vocaciones, como la de naturalista. Charles Darwin, por ejemplo, fue un ávido coleccionista y en parte gracias a su nutrida y colección de especies pudo acuñar su teoría de la evolución, también el célebre naturalista inglés, David Attenborough, asegura que aprendió taxonomía, la base de las ciencias naturales, coleccionando fósiles de niño. “En la infancia se es coleccionista por naturaleza”

El coleccionismo no tiene por qué ser una afición elitista (así como existen colecciones muy costosas, las hay muy baratas y atractivas), pero lo cierto es que coleccionar no siempre está al alcance de todos. Por razones como la distancia, el tiempo y a veces el dinero, hay colecciones que están fueran de las posibilidades de las personas. Una modalidad muy común por estos días es la “colección por entregas” que, si bien son muy variadas, (como las de coches de época o las casas de muñecas), juegan con el factor nostálgico, tan importante en este tipo de hobby o responden a una moda ocasional (estreno de una película o serie)….pero la nostalgia es, sin duda, el factor más determinante a la hora de comenzar una colección.
Esta modalidad de “Colecciones por entregas” se han vuelto muy populares y no precisamente porque tengan un número predeterminado de piezas, lo que en cierta forma nos daría una certeza de inicio y fin de una colección, de hecho, cuando una colección es popular, los consumidores no quieren que se acabe, muchos la continúan de forma independiente cuando ya no hay más entregas. Lo que quiere el coleccionista es que su colección crezca.

Esta parte de constante ampliación de una colección es uno de sus estímulo básicos, aunque la dificultad aumente cada vez más, que una colección esté viva es la parte más atractiva ya que una colección nunca está completa, siempre hay algo que te llama la atención o que puede completar aquello que tienes. ¿Tiene alguna explicación esta faceta infinita del coleccionismo?….una respuesta posible es que, la falta de un objeto juega un papel esencial, porque aunque a veces se viva como un sufrimiento, es el costo a pagar para seguir en el mundo del coleccionismo.
Esta búsqueda constante de la “última pieza” sería, incluso, una manera de burlar la muerte, porque, según varias opiniones de profesionales aseguran que obtener el objeto final significaría “la muerte del sujeto”. Al completar su colección, el coleccionista dejaría de ser el sujeto “vivo y apasionado”

Esta actividad es sin dudas mucho más que una simple afición.

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